“Solo tú, pero no tú solo”, con esta frase comenzó mi aventura en el proceso de selección de Becas Europa hace un año y medio. Emprendí un viaje con un rumbo incierto. Un viaje lleno de entusiasmo, de aprendizaje y autodescubrimiento personal. El reto consistió en ir superando las cuatro fases hasta llegar a la final, un largo camino recorrido lleno de experiencias enriquecedoras y ambiciosas que me incitaban a implicarme cada vez más según me iban comunicando que estaba seleccionada para la siguiente fase. Y así, en este largo recorrido superando diferentes pruebas y a través de diferentes trabajos llegué a la final. Cada vez la ilusión era mayor.

En Madrid, un fin de semana en febrero, nos citaron a los 200 candidatos finalistas para vivir una experiencia preuniversitaria. Y tanto que lo fue, pues nos pidieron que “nos dejáramos llevar y sorprender”. Yo nunca pensé en que eso era una “selección”, pues sentía que ya había sido “seleccionada” hacía mucho tiempo.

En primer lugar, seleccionada por el colegio que me brindó la oportunidad de poder empezar esta nueva aventura y al cual, le estoy muy agradecida. Después, seleccionada en cada una de las fases que había ido pasando. Y por último,  sentía que independientemente de la consecución del premio, “ya había ganado”. Había ganado el privilegio de vivir, aprender, ilusionarme en una experiencia muy diferente a la académica para poder compartir con personas desconocidas, vivencias que me hacían crecer cada vez más como persona.

Fui siendo consciente del regalo que tenía en mis manos. Mis “Becas Europa” fueron cada una de las fases trabajadas y  sobre todo, mirando hacia atrás fue ese fin de semana en el que pude conocer a grandes personas. Gente que alumbra, que te deja sin excusas, que contagia esa pasión e inquietud que cambian y cambiarán la realidad en la que vivimos.  Ponencias inspiradoras, encuentros con mentores, charlas, debates, grupos de trabajo…No puedo evitar recordarlo sin una gran sonrisa.

En esos días, nos insistieron mucho en que nosotros éramos los que elegiríamos cómo queríamos vivir nuestra experiencia universitaria. Nos hablaron de la importancia de “dejarse acompañar en el camino”, de “tener ideas e ilusiones y compartirlas con los demás”, de “darlo todo” a nivel académico y personal, de “dejarse asombrar” por aquello que nos rodea, de “disfrutar del momento presente” y sobre todo, cambiar nuestros “miedos” por “responsabilidades”.

Las palabras desaparecían al terminar cada ponencia y nuestras miradas delataban a nuestro silencio para convertirse en reflexión personal. Y así, sin esperar nada, Becas Europa cambió todos mis esquemas. Es la libertad que un joven necesita para cuestionarse qué ocurre en la sociedad actual y una herramienta que permite que los jóvenes avancemos y empecemos a cambiar “nuestro propio mundo” con el fin de contribuir a hacer un mundo mejor todos juntos.

Tras dos meses preparando nuestro proyecto final, el último día tuvimos que presentarlo ante un tribunal. El tema propuesto para el proyecto fue apasionante por la impregnación social actual. Fue una investigación sobre el corazón y las raíces de nuestro país: “los pueblos y la España Vacía”. Denominamos nuestro proyecto, Ruraleando, el cual pretendía revitalizar la España rural a través de una red de voluntariado. Una plataforma colaborativa de oferta y demanda donde los residentes rurales pudieran demandar sus necesidades y los jóvenes voluntarios ofrecer sus talentos y servicio a los demás. Entre los muchos presentados, todos muy interesantes, nuestra sorpresa fue que nuestro proyecto ganó. No solo ganamos el proyecto, sino una gran amistad. ¡Gracias equipo!

Hace un par de días, mi nombre estaba de nuevo en aquellas listas: las definitivas. No me podía creer que una de las 50 Becas Europa de la XV edición lleve mi nombre. Asumo este regalo con el entusiasmo y la responsabilidad que merecen. Me siento muy afortunada y sé que Becas Europa no es sólo un “viaje”, es un aprendizaje para la vida. Perseverancia, ganas, disciplina, trabajo y aprendizajes me han acompañado en este camino.

Muchísimas gracias a todos aquellos que habéis estado siempre ahí, desde el principio.

Gracias Becas Europa por hacerme ver que “EL MUNDO ESPERA NUESTRO “SÍ”, EL DE UNA JUVENTUD QUE MUEVA MUNDOS ATRAVESANDO FRONTERAS”.

Elena S. G. II BAC

San Luis de los Franceses, Colegio Francés en Madrid